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Remontada en las notas del año más difícil del pregrado

En octubre de 2011 estaba empezando el cuarto año del pregrado en Derecho (el más difícil de la carrera), como estaba claro del desafío estudié con insistencia y antelación para los primeros exámenes parciales y el resultado fue adverso a lo esperado: dos materias reprobadas y las demás no iban allá de 14, menos por 17 sin importancia que tuve en otra. El promedio de esas notas me daba 12.3, lo cual me mandaba al foso el promedio global de 15 que traía de los tres años anteriores.

Como todas esas calificaciones me las dieron en la primera mitad de enero, la única celebración católica que había para la fecha era la procesión de la Divina Pastora -evento que me llamaba la atención por la gran cantidad de gente que asiste-, así que ante mi imperiosa necesidad por salvaguardar mi promedio reflexioné “si todos los años van millones de personas, es porque ella es efectiva”, razón por la cual prometí que con tan solo pasar el año la iba a ir a visitar en sus días de celebración.

En vista de que el sistema de evaluación era de 3 parciales y 1 examen final, estaba a tiempo de recuperarme y la iba a tener muy cuesta arriba para lograr la remontada, renuncié a la pasantía remunerada que tenía en aquél tiempo para dedicarme a estudiar. El camino no fue para nada fácil, el peso del promedio de 12.3 me asediaba y no encontraba qué método ingeniar para subir las notas, pero me enfoqué a pesar del miedo y el excesivo estrés, pero con la anécdota de que veía la silueta de la Divina Pastora de color amarillo cada vez que levantaba la mirada cuando me echaba mis repasos en mi casa. Llegó marzo y la segunda tanda de exámenes, luchando contra adversidad y vinieron las notas después: un promedio de prácticamente 18 puntos. Aunque tuve que retirar una materia por la arrogancia del profesor y evitar convertirme en mártir de un tonto orgullo, ese ritmo demoledor se prolongó hasta el final del año académico y lo que empezó en 12.3 culminó convertido en un 16.4 (el año que más me subió el promedio cuando culminé la carrera). Apenas me dieron la última nota de cuarto año, me fui a comprar el pasaje a Barquisimeto.

Cumpliendo con mi palabra, fui a pagar la promesa el 19 de enero de 2013. Si bien no pudo ser en la fecha de la procesión, me sirvió para tener un encuentro muy cercano con ella y justamente estaba ella vestida con el mismo color con el que la imaginaba en las tardes de estudio de aquella “remontada milagrosa”. Quedé cautivado con su amor y con el gran aprecio que le tienen sus devotos, decidiéndome así a visitarla todos los años. Lo que empezó siendo un viaje de fin de semana me quedó marcado en un antes y un después.

Guillermo De Armas
(Contacto Web)

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